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miércoles, 21 de enero de 2015

Las Marchas de la Dignidad y la construcción del poder del pueblo





Este artículo está escrito para el nº 3 de la revista PIM PAM PUM que edita impresa el núcleo de Vallekas de Red Roja

Los tiempos se están acelerando. Se producen cambios rápidos en las percepciones de muchas personas acerca de los problemas que les afectan y sus posibles soluciones. Y hay modificaciones importantes también en el propio poder, que ya no puede seguir gobernando como antes. Durante el pasado año 2014 se han producido acontecimientos de gran trascendencia que no ocurrían en décadas. Recuerdo los tres más importantes.
  • El 22 de marzo tenía lugar en Madrid la manifestación más grande de su historia. Las Marchas de la Dignidad, sin ningún gran partido, ni gran central sindical, sin ninguna ayuda económica y bajo el espeso silencio mediático que cubre todo lo que el poder considera políticamente incorrecto, convocó en Madrid a millón y medio de personas. Antes y después se iniciaba un proceso organizativo, de constitución de Comités de base que, con diferentes nombres, tendían a unificar las luchas y a garantizar la continuidad del movimiento.
  • En la votación de las elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo, y por primera vez desde la Transición, se hundieron PP y PSOE, partidos que se han venido alternando en el Gobierno del Estado y que garantizaban la continuidad del engranaje basado en la Constitución de 19781. Proyectados los datos a unas elecciones generales, sumados los diputados de ambos partidos, no llegarían a la mayoría absoluta2. Y surgió con fuerza un nuevo partido, Podemos, cuyas expectativas no han hecho más que crecer, según las encuestas.
  • Ocho días después de las elecciones europeas, el 2 de junio el rey Juan Carlos abdicó. La hizo empujado por quienes desde el poder entendieron que su permanencia en medio de una avalancha de denuncias de corrupción de todo tipo que le implican a él y a varios miembros de la Casa Real y con un profundo descrédito de la Monarquía, acabaría con esta última. Y lo que más importa a las clases dominantes: si la Monarquía, ha sido clave de bóveda del poder establecido desde la Transición, cae, empieza a oler a quemado debajo de su asiento. El aforamiento precipitado del ya ex rey confirmó lo que el pueblo sospechaba: que su reinado, además de estar manchado con la sangre de antifascistas fusilados o asesinados, ha sido un robo continuado. Felipe VI fue proclamado rey en medio de un Estado de Excepción no declarado que permitió una brutal represión sobre manifestantes republicanxs.
Los tres acontecimientos reseñados expresan aspectos claves del momento político. La abdicación de Juan Carlos es el reflejo más claro del hundimiento de un Régimen, heredero de la Dictadura, que no restauró la legalidad democrática de la República truncada por el levantamiento fascista, ni depuró el ejército, la policía, ni las demás administraciones públicas y que se asentó sobre la corrupción y el desfalco de las clases dominantes.
El hundimiento del bipartidismo, que parece arrastrar también a IU, y el surgimiento de Podemos, refleja cómo el hartazgo y la rabia de millones de personas que ven como se hunden sus condiciones de vida, sin esperanza de futuro alguna, utiliza el partido de Pablo Iglesias para “echarles a todos”. El objetivo es poner a personas nuevas en los gobiernos a través de las urnas para echar a “la casta” al basurero de la historia. Ese es el objetivo común fundamental de quiénes les votaron y les votarán y para ello poco importa el programa.
El problema es que las necesidades de muchos millones de personas son acuciantes y que para resolverlas no es suficiente suprimir la corrupción o cambiar dineros de partidas presupuestarias. Para cambiar las condiciones de trabajo, crear empelo digno, mejorar los servicios públicos, etc, hace falta romper con las políticas que la UE, el BCE y el FMI imponen, no Pagar la Deuda y salir del Euro. Es imprescindible expropiar a quienes nos están saqueando: los bancos y las multinacionales. Es preciso devolver a manos públicas, la banca, empresas estratégicas y servicios sociales.
Y a cualquiera que esté leyendo estas líneas se le ocurre que para hacer todo eso, que es imprescindible y que Podemos no contempla, hace falta mucha fuerza y mucho poder. Mucho más que el que se tiene cuando se ganan unas elecciones. El poder y la fuerza que determinan que se gane o se pierda cuando se avecina una confrontación de clases de la envergadura de la que sin duda va a producirse.
Hace falta que una clase obrera y un pueblo organizado exijan que la riqueza que producen cada día que se les roba de su salario, que se transfiere a la banca o que se evade a paraísos fiscales, esté bajo su control y al servicio de la inmensa mayoría.
Para construir esa fuerza de pueblo organizado es para lo que sirven las Marchas de la Dignidad. Las Marchas han roto con la creencia que afirmaba que no se podía convocar una manifestación grande sin las direcciones de CC.OO. y UGT. Ante el descrédito creciente de las burocracias sindicales, que podría haber dejado al pueblo trabajador sin herramienta de lucha suficientemente fuerte, han surgido las Marchas como un movimiento unitario, integrado por organizaciones sociales, políticas y por el sindicalismo alternativo, que pretende unificar y fortalecer las luchas, con voluntad de construcción estable desde la base y con un programa de mucha mayor entidad que el de ninguna otra fuerza política: No Pagar la Deuda, enfrentar a los gobiernos de la Troika y poner la riqueza en manos del pueblo.
El programa para 2015 es potente. Las Marchas vuelven a Madrid el 21 de marzo y lo hacen con los siguientes lemas:
Volvemos a Madrid, caminando hacia la Huelga General
Hay que echarles. Construyendo el poder del pueblo.
El objetivo de la Huelga General no es abstracto como ha pasado otras veces en las que se reclamaba pero se esperaba a ver si la decisión la tomaban las direcciones de CC.OO. y UGT.
Esta vez las Marchas asumen la convocatoria aunque llaman al conjunto del movimiento obrero, incluidas secciones sindicales combativas y afiiliadxs de base de CC.OO. y UGT a sumarse.
La huelga que se quiere convocar el 22 de octubre no será como otras. No se convocará por fax o rueda de prensa. Se propone un proceso de preparación que empiece ahora mismo, y que tenga hitos fuertes en la preparación del 21 de marzo y el 1º de mayo.
Es preciso acelerar la constitución o impulsar el desarrollo de Comités en barrios y pueblos que se asuman a sí mismos a modo de “estados mayores” que empiecen a pensar cómo se paraliza en su territorio cada centro de trabajo, hablando con secciones sindicales y comités de empresa. El objetivo central es encontrar la forma de asegurar la huelga entre la mayoría de la clase obrera de no tiene derechos laborales (inmigrantes, mujeres y juventud), cómo se convence al pequeño comercio de barrio, como ejerce un papel dirigente la juventud, como las mujeres ocupamos nuestro lugar en la lucha, como nos enriquecemos con la sabiduría acumulada por los veteranos y veteranas.
En definitiva, los Comités tienen que ejercer funciones de dirección que aseguren que todas y cada uno de nosotrxs ocupamos nuestro puesto y se utilizan todas nuestras capacidades.
Es verdad que es un periodo electoral, pero votar no lleva mucho tiempo y ya hay mucha gente ocupada en preparar listas. Quienes sabemos que, sin quitar importancia al objetivo de acabar con castas y políticxs corruptxs, votar no es suficiente, tenemos que ponernos ya manos a la obra para construir la inteligencia y la voluntad colectiva que nos vuelva dar la fuerza de clase y de pueblo que necesitamos.
La estaca sigue ahí. Podrida estaba en los últimos años de la Dictadura, cuando Lluis Llach la cantaba, pero la apuntalaron y se mantuvo otros cuarenta años. Si no nos dejamos engañar otra vez como en la Transición y si de verdad tiramos todas y todos los no tenemos más capital que nuestra fuerza de trabajo, es seguro que caerá.
Notas:
1 Ese código genético que comparten PP y PSOE se ha puesto una vez más de manifiesto en el enésimo “pacto antiterrorista” –una vuelta de tuerca más en la represión- ahora con el pretexto de los atentados de París.

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