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martes, 4 de noviembre de 2014

“España está preñada de una revuelta social”


Entrevista al politólogo Manolo Monereo




El ambiente de corrupción generalizada ha dado lugar a un escenario nuevo. “Las cosas están llegando ya a un punto de no retorno; se está generando una masa crítica en el país, que seguramente nos puede llevar a algo más fuerte que un simple cambio electoral; yo creo que este país empieza a estar preñado de una revuelta social”, afirma Manolo Monereo, politólogo, miembro del Consejo Político Federal de Izquierda Unida y del Frente Cívico-Somos Mayoría. Su última publicación es “Por Europa y contra el sistema euro” (El Viejo Topo). Vaticina, si el estado actual de cosas se mantiene, un adelanto de las elecciones generales que pudiera dar lugar a un Proceso Constituyente.

-Proliferan los casos de corrupción. ¿Se destapan ahora por una razón especial? ¿Responde esta visibilización a alguna estrategia de fondo?

Es como la vieja pregunta que se hacía con la “tangentópolis” italiana. Creo que hay un problema objetivo, que la corrupción existe y es sistémica. El sistema se basa en la corrupción. Las políticas neoliberales sitúan al frente del capitalismo a un sector financiero que hace de la especulación su “modus vivendi” y acaba, de una manera u otra, en la corrupción política. Otra cuestión de fondo es que el neoliberalismo ha significado la cooptación de la clase política.

-Pero se podría afirmar que todo ello no es nuevo, ha ocurrido siempre en el sistema capitalista.


Lo que ahora sucede es que el neoliberalismo necesita capturar el estado. Y, para ello, la clave es capturar a la clase política. La mejor manera de hacerlo es corromperla. Además, el modelo económico-social implementado en España a partir de los años 90, el ladrillo, es obviamente imposible de concebir sin la corrupción. ¿Qué es lo que hay detrás de este modelo rentista, parasitario y de grandes beneficios? La corrupción. Distinguiría también otro elemento, que nos llevaría muy lejos: la Transición.

-¿En qué sentido?


Al no haber desmontado el capitalismo “franquista”, ese capitalismo ha seguido operando. En alguna ocasión lo he definido como la “economía política de los señoritos”. Una especie de capitalismo muy asentado en Madrid, en la tradición española borbónica y después en el franquismo. Es un capitalismo parasitario, depredador, ligado al estado y al botín de lo público.

-El estado de corrupción generalizado, ¿puede contribuir a la quiebra del Régimen del 78?


El cambio ya ha empezado. El Régimen del 78 ya no existe. Estamos viviendo una transición en la que se delinean dos grandes proyectos. Uno, la Restauración, es el proyecto que hoy parece dominante; supone ir a una democracia limitada, oligárquica y autoritaria, en torno a la recomposición de la monarquía y de los poderes económicos ligados a Europa. El segundo, está en relación con el mundo que emerge con Podemos. Consistiría en el planteamiento de una ruptura democrático-popular y republicana. Es el combate de fondo que se libra en estos momentos.

-¿Qué discursos se están forjando para hacer digerible la corrupción, convertirla en “funcional” y que no represente un peligro para el sistema?


Los “restauradores” neoliberales, así como las maquinarias políticas y sobre todo mediáticas, además de think tanks de la derecha, resuelven el problema diciendo que la causa de la corrupción está en el excesivo intervencionismo del estado. Por tanto, lo que habría de hacerse es separar la economía de la política; dejar que la economía la dirijan los poderes económicos y la política, los políticos, pero impidiéndoles el control de al economía. Sería usar la corrupción neoliberal para perpetuar el sistema neoliberal. Hay, además, otra idea muy peligrosa unida a ese ambiente “restaurador”. La idea de que la política es la corrupción y, por tanto, no hay salvación con la política. Lo que habría que hacer es “pasar” de la política, “salvarse” individualmente, y no darles oportunidad a los políticos para que la dirijan.

-¿Se está fraguando en el actual contexto un “pacto de estado” entre el PP y el PSOE?


Hay actualmente una crisis del bipartidismo, que no ha iniciado su resolución. Una de las posibles salidas es un “gobierno de concentración” para conducir esta nueva restauración e impedir el triunfo de las fuerzas democrático-populares. También podría ocurrir -y no sería extraño, teniendo como ejemplo la “tangentópolis”- el surgimiento de una nueva fuerza política equivalente en la derecha a lo que representa Podemos en la izquierda.

-¿Podemos aprender de la Historia? ¿Es esto el “transformismo” según Gramsci?


El “transformismo” es la capacidad de mutación de las fuerzas políticas. Surgen fuerzas políticas nuevas, “renovadoras”, tipo Berlusconi o Renzi, que hablan de cambio, reestructuraciones y acabar con la corrupción, cuando lo único que hacen es defender los viejos centros de poder, que desde hace cien años están mandando en el país. El “transformismo” tiene que ver con la capacidad de las élites políticas de sucederse una a otra. Lo cuenta muy bien la película “El Gatopardo”.

-De vuelta al estado español, se dice que hay una estrategia diseñada por Arriola (asesor áulico de Rajoy) que consiste en promocionar a Podemos para erosionar al PSOE...


Parto de una idea de Lenin a quien, por cierto, es bueno leer en la actual coyuntura. Venía a decir Lenin que no hay política sin conspiración, pero que la política no se explica por las conspiraciones. Es decir, puede haber cálculos electorales, se han podido diseñar estrategias comunicacionales que beneficien a Podemos, etcétera. Ahora bien, eso no explica el peso político-mediático que tiene Pablo Iglesias ni tampoco el fenómeno social de Podemos. Lo han podido acrecentar más o menos, pero éste no se explica por conspiraciones.

-¿Qué razones explican, a tu juicio, el ascenso de Podemos?


Por un lado, la fuerza comunicacional y el liderazgo de Pablo Iglesias. Además, Podemos refleja una opinión política en el país transversal, heterogénea y que demanda cambios fuertes; otras fuerzas políticas no hemos sido capaces de ser contenedor de esa demanda.

-La corrupción de los 90 en Italia y la operación “Manos Limpias” implicó también la llegada de Berlusconi al poder en 1994. ¿Hay paralelismos entre la situación italiana y española?


El que mejor conocía estas cosas era Antonio Gramsci. Cada proceso de cambio lleva su contrario. Todo proceso revolucionario o de transformación lleva un antagónico interno reaccionario. Quiero decir que cuando los procesos se inician, nadie sabe cómo van a terminar, pero hay que pensar siempre que los poderes actúan y que en una sociedad capitalista, el capital tiene un poder estructural. Eso garantiza una asimetría de poder enorme en la sociedad. El capital siempre tiene capacidad de reproducirse, imponerse y terminar dirigiendo los procesos, aunque aparentemente vayan muy en contra de él. A todo esto hay que añadir un dato nuevo. España es un estado subalterno y dependiente de una Europa alemana. Por tanto, la capacidad de intervenir en los procesos de la Unión Europea de eso que se llama la Troika es decisiva.

-Tal vez la semejanza sea mayor con los gobiernos de Felipe González, también en la década de los 90, cuando las principales instituciones estaban asimismo “tocadas” por la corrupción


Esto es mucho peor. Lo de Felipe González fue la primera vez, un ensayo general. La Expo del 92, los juegos olímpicos, la primera gran burbuja inmobiliaria después del franquismo, ya con una gran corrupción e incluso el GAL. Aquello fue un antecedente. Lo que demuestra algo muy importante: la crisis orgánica del capitalismo español. Se dice que el capitalismo actual se basa en constituir “burbujas” de modo permanente. En la economía española -subalterna y dependiente-, en este capitalismo de amiguetes y señoritos inserto en el marco neoliberal, se ahonda mucho en las características de la vieja España caciquil que Joaquín Costa nos contaba. Vamos hacia una involución económico-social, a un país donde la estructura patrimonialista, rentista, basada en la corrupción y teniendo el estado como botín para repartirse, será muy importante.

-Pero tú mismo afirmabas que esto ha sido siempre así en la historia de España...


Sí, pero ahora va a ser la economía real del país. España, en la Unión Europea, se convertirá en un país dependiente, sin estado social, sin derechos laborales y sociales, sin una industria avanzada. Se convertirá en un lugar de descanso y provecho de las grandes élites europeas. Y la burguesía española está encantada de repartirse los beneficios de esa España condenada al subdesarrollo.

-En alguno de tus últimos artículos planteas una idea nueva, la “trama”.


Planteo la “trama” porque no me gusta el término “casta”. En Italia desaparecieron los corruptores. Todo el enfoque fue el siguiente: hay ladrones y son políticos. Pero no. Hay ladrones, que están comprados por los poderes económicos. Además, detrás de todo esto hay un tipo de capitalismo, de empresarios, de agentes que compran a los políticos y desaparecen. Para mí, lo que hay es una “trama”, es decir, el acuerdo planificado entre élites del poder económico, cada vez más fuerte y concentrado, y la clase política. La tarea nuestra, y por eso hablo de “revolución democrática”, es romper la “trama”.

-¿En qué consistiría la “revolución democrática” que propones?


No basta sólo con denunciar a los políticos ni la corrupción. Hace falta romper con el capitalismo y con los capitalistas corruptores. En primer lugar, a mi juicio, haría falta la nacionalización y socialización del crédito y de la moneda. De una vez en este país hace falta quitarle el inmenso poder que tienen los grandes grupos de poder financiero, es decir, la oligarquía. Vivimos en una España donde hay una nueva oligarquía, muy similar a la anterior, y un nuevo caciquismo (como se ve con la corrupción), también muy similar.

-¿Podría abrirse una primera brecha en las elecciones de mayo? ¿Confías en un “vuelco” electoral?


Creo que el “vuelco” electoral se va a dar. En mayo va a ser más complejo porque son elecciones municipales y autonómicas. Son elecciones para las que Podemos no está bien preparado, en un país plurinacional y complejo...Aunque creo que ya se notará la primera revuelta que nos anunciarán las elecciones generales. Ahora bien, mi opinión es que hemos de estar preparados para un adelanto electoral. Las cosas están llegando ya a un punto de no retorno. Se está generando una masa crítica en el país, que seguramente nos puede llevar a algo más fuerte que un simple cambio electoral. Yo creo que este país empieza a estar preñado de una revuelta social.

-¿Hay fuerza política y energía acumulada para ello?


Hay mucha más fuerza de lo que creemos. Todo está incubándose, se está subjetivamente organizando. Se mezcla mucho la indignación, el cabreo gigantesco contra los políticos, el agravamiento de la situación económica, sobre todo en las generaciones jóvenes, y una rabia muy fuerte en sectores de las capas medias que son los que están sufriendo la crisis de una manera nueva. Hace años que los trabajadores sufren la crisis, ahora les toca a las capas medias. Lo que se está produciendo es -y por eso creo que viene una revuelta- un movimiento que ya hemos conocido otras veces en la historia. Unas capas trabajadoras muy golpeadas por la crisis, que en parte tienen una escasa capacidad de reacción. Por otro lado, unas capas medias que hasta ahora estaban “trampeando” con la crisis, pero que ahora empiezan a sufrirla radicalmente. Y que van a terminar despertando a las capas trabajadoras.

-”Un movimiento que ya hemos conocido otras veces en la historia”. ¿Cuáles son los precedentes?


Estos procesos se han vivido mucho en las últimas décadas en América Latina. En países como Argentina, Brasil o Venezuela. Y también se ha vivido esto en muchas situaciones revolucionarias. Tocqueville decía que la revolución no sólo surge porque la gente viva peor. También surge de la gente que ha vivido bien y de pronto empieza a vivir muy malamente. Los que están acostumbrados después de tantísimos años a vivir en condiciones de pobreza, esa gente, a mi juicio, está “inoculada” ante la lucha social. Quizá todo lo fían al cambio político-electoral. Pero ahora hay, a mi juicio, una presencia masiva de sectores de las capas medias muy golpeadas por la crisis, ya sin reservas estratégicas ni morales. Va a haber ahí una conjunción de fuerzas muy significativas. Eso empieza a verse. Claro, aquí siempre puede uno confundir sus deseos con la realidad.

-Pero, en general, la movilización en la calle no es precisamente masiva...


Hasta ahora hay una especie de reflujo en la lucha social, es como si el movimiento social estuviera aletargado en un reflujo. En mi opinión, ocurre que el movimiento social, después de tantas luchas y movilizaciones, ha llegado a la conclusión de que esto se cambia electoralmente. Y que Podemos abre una estructura de oportunidad para este cambio general. Pero me da la sensación, también, de que si esta generalización visible de la corrupción se sigue dando una y otra vez, la opinión pública va a terminar exigiendo no sólo un adelanto de las elecciones generales, sino también un tipo específico de elecciones generales que nos lleven a un Proceso Constituyente.

-Formas parte del Consejo Político Federal de Izquierda Unida. ¿En qué situación ves a esta formación de cara al nuevo escenario?


IU sigue siendo una fuerza indispensable para la transformación social de este país. No tengo una visión pesimista de IU. Si cumple lo que dice, será una fuerza determinante en el próximo ciclo político. Pero, claro, tiene que cumplir con lo que quiere ser. El gran problema de Izquierda Unida ahora es el mismo que hace un año. Tiene un discurso excelente y una práctica política que poco tiene que ver con ese discurso. Lo que IU no ha sabido hacer es su autorreforma.

-¿A qué te refieres?


Izquierda Unida siempre ha tenido la convicción, desde el 15-M en adelante, que era necesario en este país un cambio político. Que eso obligaba, y así se dijo, a la refundación de IU. Pero, a la hora de la verdad, IU sigue con el mismo “traje” que tenía, porque no ha democratizado sustancialmente su estructura política. Hoy por hoy, IU tiene esa contradicción irresuelta, entre lo que dice que quiere ser y lo que es.

¿Por qué se produce, para concluir, esa contradicción?


Eso tiene que ver fundamentalmente con la dirección política que hoy tiene esta organización. Izquierda Unida cuenta, y esto se sabe muy poco, con una generación joven que empiezan a ser los cuadros clave en la mayoría de las federaciones. Lo único que queda de mayor en IU es el núcleo dirigente. Por último, tenemos ya en marcha un proceso de autorreforma interna. El proceso de convergencia que está encabezando Alberto Garzón es decisivo. Creo que a finales de este año y primeros del año que viene, habrá unas primarias en IU, en las que estará presente Alberto Garzón, que nos dará la posibilidad de visualizar que no solamente somos sino que queremos.

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