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sábado, 26 de octubre de 2013

Dicen que son de izquierdas

Mucha gente afirma ser de izquierdas, está convencida de ello, y sin embargo es medularmente de derechas

CÁNDIDO Marquesán Millán 26/10/2013
Se dice en el Reino de España con demasiada ligereza y contundencia: soy de izquierdas o soy de derechas. Abundan personas que alardean de ser de izquierdas, aunque luego sus actuaciones contradicen de pleno a sus palabras. Hay mucha gente que además de decir que son de izquierdas, están convencidos de serlo, y sin embargo son medularmente de derechas. Lo dicen probablemente para sentirse mejor, porque decir que se es de derechas después del franquismo, no queda bien y no está muy bien visto en determinados ambientes. La realidad es que numerosas encuestas confirman que mayoritariamente la población española aparece escorada hacia la izquierda. No obstante la autoafirmación ideológica tan al uso, hay que cuestionarla y matizarla.
Dicen que son de izquierdas, y emiten frases en relación a la población inmigrante o minorías étnicas, claramente racistas y xenófobas, como "los inmigrantes nos quitan nuestros puestos de trabajo y se aprovechan de las subvenciones públicas", "vienen a parir aquí porque les resulta gratis" o "conozco a un gitano que tiene dos pisos", y además contratan a chicas sudamericanas o rumanas para cuidar a sus padres ancianos o sus hijos pequeños con unos sueldos de miseria. Dicen que son de izquierdas, y llevan a sus hijos a centros educativos concertados o privados dirigidos por congregaciones católicas, para que no compartan pupitres y no se mezclen con gitanos, inmigrantes o disminuidos psíquicos. Dicen que son de izquierdas, y cuando tienen necesidad de atención sanitaria recurren a clínicas privadas, para que su esposa embarazada no tenga que guardar fila detrás de una senegalesa, ecuatoriana o ucraniana. Dicen que son de izquierdas, y les parece una estupidez que después de 70 años y con los problemas que tiene España, el perder el tiempo en desenterrar los cuerpos yacentes en cualquier carretera comarcal o basurero de las afueras de cualquier pueblo de los 125.000 republicanos asesinados por los fascistas, precisamente por defender los principios y valores de la izquierda. Dicen que son de izquierdas, y defraudan a Hacienda todo lo que pueden, aceptando facturas sin IVA o pagando con dinero negro la compra de su vivienda. Dicen que son de izquierdas, y cuando los sindicatos, a los que atacan vorazmente con más vehemencia incluso que la derecha o la clase empresarial españolas, convocan una huelga general por cuestiones tan intrascendentes como la vigente Reforma Laboral, no la secundan con la contundente excusa "es que tenemos que pagar la hipoteca". Dicen que son de izquierdas y compran la ropa fabricada en un suburbio de alguna ciudad asiática, donde trabajan hombres, mujeres, niños y niñas en un régimen de esclavitud. Dicen que son de izquierdas, y se regocijan con la rebaja del sueldo a los empleados públicos, y no se indignan como debieran por la eliminación de cientos de miles de plazas públicas en educación, sanidad o servicios sociales, sin apercibirse de que ello supone un grave e irreparable deterioro del Estado de bienestar.
Dicen que son de izquierdas, y les molestan las prestaciones por desempleo por su alto costo, al considerar a los parados como vagos y defraudadores, tal como acaba de hacerlo nuestra ínclita vicepresidenta del Gobierno. Dicen que son de izquierdas, y les resulta intolerable el matrimonio entre personas del mismo sexo. Dicen que son de izquierdas, y compran la prensa de derechas, por lo que la de izquierdas tiene gravísimos problemas económicos, que propician su desaparición o está a punto de hacerlo. Dicen que son de izquierdas, y les parece irrelevante e intrascendente que las autoridades asistan codo con codo con las autoridades religiosas católicas a actos litúrgicos de misas y procesiones multitudinarias, Jornadas Mundiales de la Juventud, beatificaciones de los mártires católicos, incumpliendo el artículo 16 de nuestra Carta Magna, que especifica con claridad meridiana la aconfesionalidad del Estado. Dicen que son de izquierdas, y les parece normal, por lo que no la cuestionan, la institución monárquica, siendo una reminiscencia caduca del Antiguo Régimen.
Dicen que son de izquierdas, y les resulta imposible el entender y el asumir que determinados ciudadanos del Estado español, pretendan ejercer el derecho de autodeterminación, profundamente democrático. Dicen que son de izquierdas, y pusilánimes permiten que se arrojen por el sumidero de la historia todo un conjunto de conquistas sociales heredadas de las generaciones que nos precedieron y que ya no disfrutarán las venideras. Dicen que son de izquierdas, y acongojados no se rebelan en masa ante tantos atropellos por parte de nuestros gobernantes envalentonados y crecidos. Dicen que son de izquierdas, y luego no votan a los partidos que las representan, ya que si lo hubieran hecho, el PP no hubiera alcanzado la reciente mayoría absoluta.
De verdad, estas actuaciones me sorprenden sobremanera, ya que parecen estar muy lejos de la esencia de una autentica ideología de izquierdas, cuyos valores incuestionables son la defensa de la libertad, igualdad y fraternidad, y la justicia social. Y por supuesto, la capacidad crítica.
Profesor de instituto

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