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jueves, 8 de agosto de 2013

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SEAT: 13 DELEGADOS DE CCOO SE MARCHAN A USOC
Sin movilización, crece el sindicalismo amarillo

Lo que pasa en la SEAT es un referente de lo que pasa dentro del movimiento obrero. Es importante, por este motivo, analizar la progresión del sindicalismo corporativo, con la fuga de delegados de CCOO para constituir, un sindicato de empresa, el Sindicato de Trabajadores de SEAT (STS) que se ha integrado en la USOC, y que pasa a ser la segunda fuerza sindical en dicha empresa, por detrás de UGT. A nuestro entender este es un motivo de preocupación y reflexión.
Las elecciones de 2011 venían precedidas por una intensa campaña por el inicio de la producción del Q3 en verano. En el 2009, después de que gracias a las grandes presiones de la patronal y las fuertes subvenciones del Gobierno central y autonómico, impusieran, mediante referéndum, fuertes concesiones laborales. El objetivo político y empresarial iba más allá de la SEAT, había que pasar un mensaje claro a las/os trabajadoras/es: «si queréis conservar vuestro puesto de trabajo se tiene que aceptar –sin discutir- los dictados de la patronal». Después de SEAT, Nissan tomó el relevo, a principios del 2011. Tras dejar colar el posible cierre de la planta en Zona Franca, volvía a imponer, con referéndum incluido, nuevos retrocesos históricos.
En febrero del 2011, la UGT conseguía en las elecciones de SEAT una subida en delegados que le permitía, por primera vez, obtener la mayoría absoluta, tanto en la SEAT de Martorell con 22 delegados, como en el Comité Intercentros, con 41 delegados. CCOO y CGT retrocedían. En paralelo se hacían las elecciones en Nissan. Un sindicato corporativo el Sigen, afiliado a la USOC, era el único que subía a Zona Franca de Barcelona (pasaba de 9 a 11), mientras el resto de sindicatos perdían, el que menos UGT. Sigen- USO, con 27 delegados en todos los centros de la multinacional rozaba la mayoría absoluta, sobre los 55 totales.
Han continuado los chantajes patronales, cada vez con menos resistencias, hasta que llegó la rotura de CCOO, produciéndose una situación particularmente grave en Martorell. Así, pierde 7 delegados de los 11 que le quedaban en el 2011 y viéndose relegada a cuarta fuerza sindical de la fábrica, por detrás de la CGT con 6. Con otros 6 delegados que rompen en otros centros, se constituyen el STS que se integra en la USOC. El secretario general de STS-USOC y miembro del comité de empresa, Manolo Gálvez, justifica la ruptura por «falta de autonomía» de la sección sindical a la hora de negociar y presiones de la dirección de CCOO, pero las presiones por la ruptura parecen tener más a ver con la posible asignación de un nuevo modelo en los próximos meses, y como explica sin tapujos el secretario general de la Federación Estatal de Industria de USO, Pedro Ayllón, «la USOC tiene el modelo idóneo de sindicalismo para una multinacional, sea japonesa o alemana». Las multinacionales siempre han apoyado y necesitado el modelo pactista y desmovilizador de CCOO y UGT, para imponer innumerables retrocesos de las condiciones laborales. Pero una vez más se ha demostrado aquello de que «Roma no paga a traidores», de que la patronal no se casa con nadie, ni vive de reconocer servicios prestados.
Además no tiene ningún problema, cuando ya no le sirven o son un obstáculo para ir más lejos, para deshacerse de sus viejos aliados, ni para potenciar un sindicalismo amarillo ligado a los intereses de la empresa, o prescindir del sindicalismo si es que puede hacerlo.
Desmovilización y fragmentación de la clase obrera
Ahora la pregunta es obligada: ¿Cómo se ha llegado a esta situación? La dinámica de movilización o la desmovilización no es una cuestión solo de una empresa, por grande que sea, como SEAT o NISSAN. La dinámica se impone desde el choque entre los intereses globales de la clase trabajadora frente a la patronal y el gobierno situado a su servicio. A lo largo de años el entreguismo y el pactismo de CCOO y UGT han ido permitiendo reforma tras reforma, retroceso tras retroceso, y lo que es más importante han contribuido a la fragmentación de la clase obrera, debido a las diferencias sustanciales de intereses que la han dividido objetivamente, y que permitían que un día la mayoría aceptara el discurso de las direcciones sindicales mayoritarias basado en premisas como por ejemplo que había que dejar caer «los eventuales», que hacía falta una nueva escala salarial «para los nuevos», más y más subcontrataciones, la entrada de ETTS…
En consecuencia crearon infinidad de intereses materiales concretos que permitieron una profunda división como clase y su debilitamiento. La patronal y el Gobierno sabe que más allá de ganar o perder un punto de beneficios, lo que hace falta es debilitar al enemigo de clase, mañana ya caerá no un punto, sino dos o tres o muchos de golpe.
¿Hasta dónde puede llegar esta espiral de degradación/división de nuestra clase? Nadie lo sabe. La patronal siempre piensa en una nueva medida para aumentar la plusvalía que nos saca. Y si el retroceso continúa, un día le sobrará hasta el sindicalismo de la USOC. ¿Por qué no reducir los costes que suponen sus liberaciones? El límite solo lo pone la lucha de las/os trabajadoras/ es, la lucha de clases a nivel de la fábrica y a nivel general. No hay punto intermedio, o nos dejamos tomar todo y caemos en condiciones de esclavitud o no hay otro camino que la lucha.
Reconstruir la confianza en la lucha, organizar.
La SEAT ha sido un referente indiscutible de la lucha obrera. El miedo y el individualismo para intentar salvarse uno mismo es el peor de los caminos, porque cada vez que retrocedemos o perdemos compañeras/ os todas y todos somos más débiles para la siguiente confrontación.
No sirve la resignación, sirve cambiar la actitud, recuperar la confianza en la lucha… y para eso hay que tener claro que todo empieza con la organización, el debate colectivo y la recuperación de las asambleas. La organización es también la construcción del sindicalismo combativo como la CGT o construir «a salto de mata» hacia la izquierda una evolución en los sindicatos mayoritarios exigiendo un cambio de política, implicándose en la construcción de una alternativa política. Nos hace falta una línea política para reunificar los sectores de trabajadores que están divididos, y rechazar todo sectarismo que introduzca obstáculos en la lucha.

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