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domingo, 30 de junio de 2013


JESÚS RODRÍGUEZ / @ ALBERTMARTNEZ 30/06/2013
El antítesis de la libertad es lo que se vivió en la calle Robadors la madrugada del 29 de junio. A medida que pasan las horas se van conociendo más detalles que agravan el relato del asalto policial a seis locales del barrio del Raval de Ciutat Vella de Barcelona, ​​entre los que destaca también La Bata de boatiné, local de ambiente donde se  · celebraba una fiesta en conmemoración del Día de la Liberación LGTBQI. Hemos hablado con los dueños del Bar 23 y nos explican que trabajan en la misma zona desde hace 18 años. Nunca habían visto nada similar. 
"Faltaba poco para las tres de la madrugada, éramos pocos, la gente estaba muy tranquila, la música apagada, ya estábamos recogiendo", nos explica Joan S., con expresión pausada pero indignada. "Sin previo aviso, todos encapuchados, con la porra en la mano y dando golpes a los taburetes, quedamos aturdidos, incrédulos. Incluso rompieron vasos de cubatas! ". Así fue el asalto policial en el Bar 23 de la calle Robadors.Después vendrían dos largas horas de impunidad, donde cualquier derecho quedó anulado. "Los antidisturbios parecían militares, nos trataban como civiles atrapados en un conflicto bélico, no hablaban, sólo llamaban tras el pasamontañas". "Separaron la gente para fenotipos: paquis, moros, negros, blanquitos. Estos últimos los trataban mejor, con menos humillación, pero fue para todos ". Joan nos explica que el 'jefe' de los asaltantes ordenó que pusieran todos contra la pared. Los vaciaron los bolsillos y todo lo arrojaron al suelo, de muy malas maneras. Se da la circunstancia de que no encontraron "absolutamente nada" a nadie. Ni un porro, ni una ínfima dosis de estupefacientes. Nada de nada, los registros dieron "resultado cero". Quizá precisamente por eso los agentes escalaron en las provocaciones. 
La extorsión por parte de un inspector de trabajo
Cuando dentro del establecimiento sólo quedaban los dos dueños y un amigo suyo, los antidisturbios entraron desde la calle arrastrando un hombre y lo llevaron hasta el fondo de la sala. "El condujeron a un rincón bien escondido y lo golpearon entre cuatro robocops, como un grupo de fachas", nos relata Juan. Tres policías le daban los golpes y la cogían por el cuello, un cuarto supervisaba la paliza a corta distancia. Los otros agentes se pusieron de espaldas a la víctima, como si no escucharan los gritos. Fue entonces cuando el dueño del local estalló en rabia y les dijo que pararan, que esto era una salvajada. La respuesta fue ponerlo por la fuerza contra la pared y con las manos alzadas. Juan se trató el técnico de Inspección de Trabajo que acompañaba a los agentes y le dijo: "Es tan grave los que lo hacen como los que lo ven y lo toleran". Este inspector le espetó esta frase: "Si me hablas así, te abro un expediente y te cierro el bar". Para terminar, Juan nos cuenta que desde los 19 años trabaja en el Raval y que nunca había visto nada similar: "Nos miraban como si fuéramos animales y no como humanos".
Otro golpeado es Sergi Boal, compositor y guitarrista
La red está llena de comentarios en torno a este caso. Y es que otra víctima de las agresiones dentro del Bar 23 es Sergi Boal, compositor y guitarrista de Barcelona con tres discos editados y que, cargado de rabia, publicó un post en su perfil de Facebook el día siguiente de la redada policial . Boal abre el comentario diciendo que estaba consumiendo una Moritz en el Bar 23 de la calle Robadors, algo que "todavía es legal"."Me han pegado una paliza, humillante me y tratándome de delincuente". Añade que todo empezó cuando intentó dialogar con los agentes sobre el maltrato al que estaban sometiendo a una chica. "Soy un trabajador que les paga el sueldo trabajando ocho horas al día todos los días, defensor de Cataluña. Me acaban de humillar, de vejar, tirando por el suelo, además de tratarme como a un terrorista y joderme una paliza ". Boal finaliza su denuncia pública con esta contundente frase: "Si esta es la Cataluña que viene, yo no quiero vivir aquí".  

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