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domingo, 5 de mayo de 2013



Castigo a la coalición de gobierno en las municipales inglesas

Los partidos tradicionales británicos han sufrido el castigo de los electores del sur y este de Inglaterra, que han abandonado a los conservadores en su feudo particular para otorgar su voto al xenófobo y antieuropeista UKIP, una polarización de la política británica que dificulta la convivencia de la coalición de gobierno, con el giro conservador a la derecha y la «extinción» de los liberales. 
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Soledad GALIANA
Si se puede hablar de ganadores en estas elecciones locales, estos son el UKIP, un partido de talante xenófobo y antieuropeísta cuya doctrina política roza el fascismo y cuyo programa electoral se basa más en criticar al resto de los partidos que en presentar una alternativa viable a las políticas de austeridad impuestas por la coalición del gobierno conservador-liberal.
Sin embargo, a pesar de todas sus carencias, el UKIP ha conseguido captar un 23 % del electorado, lo que le catapulta al tercer puesto en el ranking de estos comicios, que en castigo a los dos partidos en el poder, y de desconfianza a la oposición laborista, ha optado por la formación de Nigel Farage, que ya ha anunciado su intención de presentarse a las elecciones generales tras su primer intento fallido.
Los conservadores se lamen las heridas, porque los resultados han sido malos, pero no inesperados. Su giro a la derecha y la promesa de un referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña en la Unión Europea no han sido suficientes.
Estas elecciones locales en 34 municipalidades controladas en su mayoría por los conservadores no pueden tomarse como un pronóstico del resultado de unas futuras generales, pero sí son preocupantes para un partido que no consiguió la mayoría esperada cuando era popular, y cuyo voto se reduce de manera directamente proporcional al nivel de implementación de sus políticas de austeridad. Y estamos hablando del feudo conservador, el sur y este de Inglaterra, donde los tories han perdido diez municipios y ya no cuentan con mayoría en otros diecisiete. Sigue el recuento de votos, pero en estos momentos ya han perdido 335 cargos electos.
Caída de los liberales
Los mayores perdedores de estas elecciones son sin duda los liberal-demócratas, que no solo han sido relegados a una cuarta posición y pierden 124 concejales, sino que tienen que sortear el giro progresivo, pero inexorable, de los conservadores a la derecha.
En una entrevista previa a estas elecciones, el líder liberal y vicepresidente del gobierno de coalición, Nick Clegg, ya advertía de que se «está volviendo a políticas conservadoras tradicionalistas que entiendo creen son necesarias para reforzar las defensas conservadoras contra el UKIP. Existe una verdadera batalla en el seno de la derecha británica».
El problema es que esa batalla se desarrolla también a nivel de declaraciones y políticas del gabinete británico, y decisiones que pueden ser aceptables para el electorado conservador, son inaceptables para los votantes liberales.
Para los laboristas, esta elección marca una recuperación, presentándose con el partido más votado con un 29% de los votos, pero deja sin despejar algunas dudas del partido con respecto al liderazgo de Ed Miliband, porque su victoria es relativa respecto la obtenida por el UKIP, y la atracción del electorado por el mensaje del partido antieuropeísta demuestra que los laboristas no han conseguido atraer el voto de los desilusionados con el gobierno. Por ello Miliband ha fracasado a la hora de romper con el legado del «nuevo laborismo» instaurado por Tony Blair que llevó al gobierno a los conservadores. Quizás porque no marcan distancias con estos y porque en su deseo de satisfacer a todos falla en la definición de políticas y compromisos que atraigan el voto progresista.

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