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miércoles, 15 de junio de 2011

El sistema es antinosotros






Nos ha cogido por sorpresa. Demasiadas veces nos habíamos lamentado: se rebelan en Francia, se rebelan en Grecia; hasta en Portugal se rebelan; pero, aquí, nada. Y, de pronto, apareció esto.
Un mes antes vimos a aquellos “Jóvenes sin futuro, sin casa, sin curro, sin pensión pero sin miedo”, apaleados por la policía madrileña. Y otros pocos meses atrás, en Barcelona, jóvenes activistas descolgaban en la Plaza de Cataluña aquel emblemático cartel: "La banca nos asfixia, la patronal nos explota, los políticos nos mienten, CCOO y UGT nos venden".
Algo se adivinaba en el horizonte y algunos comenzamos a pegar como locos carteles de aquella enigmática convocatoria: “Democracia Real Ya”. Aunque no todos estaban tan convencidos. Izquierda Unida, recelosa, nos tapó muchos de los carteles (que, por cierto, habíamos pagado de nuestro propio bolsillo), centrada, cómo no, en la campaña electoral de turno.
Pero la manifestación del 15-M resultó ser un éxito sin precedentes, demostrándonos dos cosas. La primera, que hoy en día la difusión de las convocatorias funciona mejor vía internet que a través de la cartelería callejera (aunque, por supuesto, una cosa no quite la otra). La segunda, que las convocatorias tienen más éxito si privilegiamos menos el merchandising de las diferentes sectas de la izquierda y más la unidad en torno a una serie de objetivos básicos.
Tras las acampadas y el auge mediático, ahora muchos se plantean el futuro de esta movilización popular (y también su presente). Pero, en general, se tienden a ocultar determinados lados del problema, ya sean los aspectos positivos o los negativos, en función de la postura previa de quien se expresa. Creemos sin embargo necesario analizar de forma ponderada todos los hechos, todos los lados del poliedro, antes de posicionarnos.
Entre los aspectos positivos del movimiento, habría que resaltar la deslegitimación de la democracia burguesa que el mismo ha supuesto, con la extensión de lemas como “lo llaman democracia y no lo es”. Junto al espectacular acceso al poder municipal por parte de la izquierda abertzale, el 15-M ha supuesto el mayor tortazo contra la cara del régimen de los últimos años, ofreciendo, además, una alternativa a las elecciones, en forma de movilización popular en la calle que, en no pocas ocasiones, ha reivindicado la democracia popular o directa y que, recordemos, tuvo la desfachatez de “declarar ilegal” a la Junta Electoral que dictaba su desalojo, y de desobedecerla.
Hemos visto a la población echada a la calle y organizada de manera semi-espontánea, gritando contra los banqueros, y esto, además, ha supuesto un acicate que podría provocar el contagio de las movilizaciones a otros países de Europa. Además, las 8 propuestas oficiales de Democracia Real Ya, a pesar de ser evidentemente socialdemócratas (y probablemente redactadas por ATTAC), son un interesante punto de partida, si no para una nueva organización política (que, obviamente, debería basarse en presupuestos anticapitalistas, y no solamente antineoliberales), sí para un movimiento social amplio y de masas.
Por otro lado, las comisiones de barrio surgidas al calor de este movimiento aspiran a reflotar el tejido social perdido con la desarticulación del poderoso movimiento vecinal de los años 70, planteándose incluso la posibilidad de establecer una gestión paralela en los barrios, lo cual, en los eventuales periodos de gran polarización social que tal vez estén por venir, podría desembocar en el surgimiento de un doble poder.
Pero los aspectos negativos no tienen menos peso que los positivos. Desde el principio, una considerable parte de los participantes en las acampadas, manifestaciones y asambleas han tenido como objetivo prioritario “des-economizar” el movimiento, es decir, impedir que en el mismo se hable una sola palabra acerca de economía (banca, vivienda, paro, presupuesto militar, etcétera), proponiendo que la lucha se centre en unas pocas reivindicaciones de marcado carácter institucional.
Entre ellas, la única comestible sería la derogación de la ley electoral (que, efectivamente, fomenta el bipartidismo). Por lo demás, estaríamos ante la lucha por “la división de poderes” y otras abstracciones similares, tremendamente coincidentes con el programa de UPyD. También coincide sobremanera con el programa de este partido (y con los discursos de Primo de Rivera) aquel hito de la demagogia que afirma que “no somos de izquierdas ni de derechas, somos p’alante”.
Aparte estarían los prejuicios y los silbidos contra banderas republicanas, intolerables y rayanos en el fascismo. Con respecto a la prohibición de las siglas políticas, efectivamente un aspecto negativo, creemos que lo triste es que haya sido necesario. De lo contrario, con nuestra habitual guerra de siglas, lo habríamos destruido todo. Lo cual debería hacernos reflexionar. Con todo, efectivamente sería más sensato y justo que los partidos se comprometieran a situarse al final de las manifestaciones, dejando la cabecera para las pancartas unitarias.
Por otro lado, estamos ante un movimiento que, en ocasiones, recurre a consignas que reflejan un nivel de conciencia de clase muy retrasado. A veces se desviven porque los políticos se bajen el sueldo, incomprensiblemente, cuando lo lógico en nuestra situación sería empezar reclamando que nos los suban a nosotros (y sin tener en cuenta que los auténticos ricos de este país no son los políticos, sino los grandes empresarios, banqueros, reyezuelos, etcétera). En otras ocasiones, la toman con los “chorizos” y con los casos de corrupción, como si el problema no fueran las reglas, sino que no se cumplen. Evidentemente, tenemos muchísimo trabajo que hacer.
Otro problema serían las divisiones internas del movimiento. ¿Quiénes son los acampados, quién es DRY, quién el 15-M? Resumiendo, estamos ante una compleja lucha de poderes dentro del movimiento 15-M, del que diferentes sectores se reclaman legítimos herederos. DRY no deja de ser una vanguardia autoproclamada y de estructura cerrada y poco incluyente, pero, no obstante, en no pocas ocasiones estamos apoyando a esta plataforma en contra de los acampados, a menudo lumpen sin mayores objetivos que la rebeldía juvenil pasajera y “anti-política”.
En semejante tablero de ajedrez, nuestra posición es la siguiente: respetamos a aquellos compañeros que deciden no participar, ante el escaso respeto que en ocasiones los “buenos” de Brecht (que luchan unos pocos días) están mostrando ante “los imprescindibles”; pero, no obstante, pensamos que hay que participar en este movimiento con toda la generosidad posible.
Hay que conectar este movimiento con las luchas, para darle continuidad. Hay que trasladar el poder a las comisiones (barriales, laborales y otras). Quienes esperen una revolución pura, que no albergue contradicciones y prejuicios en su interior, pueden esperar sentados hasta el día de su muerte. Las revueltas son gritos de desesperación. Nuestra tarea es darles coherencia. Pero con paciencia, no como determinados elementos a los que, en la comisión de mi barrio, he visto proponer directamente la “nacionalización de la producción bajo control obrero”, para incomprensión generalizada y vergüenza de quienes compartimos con ellos tradición política pero aspiramos a hacer un trabajo sensato y gradual, en el que no guiemos a la gente sino que la acompañemos y trabajemos con ella. Porque no saben trabajar con la gente “normal” (cuya existencia olvidaron hace demasiado tiempo) y no han aprendido nada de aquel ingenioso lema del 15-M que reza “no somos antisistema; el sistema es anti-nosotros”. Estamos trabajando con gente muy diversa, con caras nuevas, no con los cuatro rojos de siempre; y ese es precisamente el interés, la novedad de este movimiento.
La propia lógica y el devenir de la historia demostrarán que esto no es una revolución “para todos” (oxímoron donde los haya), que no todos remamos en la misma dirección y que si unos van “p’alante” otros, por simple lógica, van “p’atrás”. Por ejemplo, si la CEOE propone reducir salarios o derechos laborales y los sindicatos se oponen, es materialmente imposible apoyar a ambas partes al mismo tiempo. Porque, dado que el sistema, realmente, “es antinosotros”, el movimiento se verá obligado a posicionarse, y todos sabemos en qué dirección lo hará.
El domingo 19 el 15-M va a demostrar que no se retira, sino que se expande y descentraliza; que la lucha no ha hecho más que comenzar. Tengamos paciencia, seamos generosos, construyamos poder popular en cada barrio, coordinemos la resistencia y consigamos que el 15-M haga historia.

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